Ludwig E. Boltzmann

 Ludwig Eduard Boltzmann
(Viena1844 – DuinoItalia, 1906)
 

En la austera  tumba de Boltzmann, en el Zentralfriedhof, el cementerio central de Viena, en el pedestal se puede ver, caso quizás  único en un cementerio, una  fórmula  matemática, la  célebre formula física:

                                     S =   k·ln W

 la cual, sin tanto impacto publicitario como la de  Einstein,  E = mc2, removió los cimientos de la física teórica  a principios  del  siglo XX.

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Hoy  día  esta  claro  que  la  obstinada  y  absurda  oposición brindada  por  Ernst  Mach y  Ostwald al enfoque  microscópico  de  Boltzmann  los  llevo, en su obstinación al absurdo de negar  la  propia  existencia  de  los  átomos. Esto  sembró  la  duda  sobre  la propia  interpretación microscópica  de la  entropía, esencialmente  probabilística, y de paso sobre  la  genial interpretación de  Boltzmann  de la irreversibilidad. Por  esta  razón, durante  décadas, se  ha preferido  siempre  la presentación de la termodinámica  con el  enfoque  clásico, también denominado  fenomenológico.

Pero, sin dudas, la peor  consecuencia de todo este  absurdo fue el suicidio  del propio  Boltzmann, presa  de gran depresión al no poder  mostrar la evidencia  de la existencia  de los  átomos. Paradójicamente, solo dos  años  después  de su muerte, el genial experimento  de  Perrit, basado en  la explicación de  Einstein del movimiento  browniano, proporciono la prueba deseada.

 Por  estas razones, desde hace más de un siglo la física estadística, que es lo mismo que decir la termodinámica estadística, ha sido patrimonio exclusivo de los físicos teóricos y, de este modo utilizada  limitadamente solo en problemas de esta rama de la física. Sin embargo, resulta evidente que comprobada hasta la saciedad la  existencia de los átomos, lo que de haber ocurrido a tiempo hubiera   evitado el suicidio de  Boltzmann, no existe ya razón alguna para no incluir  la física estadística como una rama del conocimiento tan válida y necesaria como la propia termodinámica fenomenológica.

 Es necesario decir  también algunas palabras  sobre el resto de la  obra de  Ludwig  Boltzmann. En realidad es difícil  sobrevalorar  la obra de  Boltzmann, inestimable por su valor práctico y también teórico. Además de su célebre  teorema  H, brillante fundamentación teórica de la  II  Ley de la Termodinámica, estableció el principio de equiparticion de la energía a partir de los grados de libertad de un sistema. Esta fue la base para la determinación de los calores específicos de los gases poli-atómicos. Suya es también la llamada ecuación cinética de los gases, base  para la descripción de sistemas en estado de desequilibrio.

Stephen  Hawking  en su libro  Historia  del  Tiempo, especie  de  best  seller  científico,  estableció  la idea  de lo que  el denomina  flecha  del  tiempo; una  forma  bella  y original de  expresar  la esencia  del  trascendental concepto  de  irreversibilidad, quizás  el  más  universal de  los  conceptos científicos.Pero  sería  injusto atribuirle  a  Hawking la  paternidad  de esta  idea. En realidad  todo comenzó alrededor  de 1900 cuando  un genial  físico  austriaco, Ludwig  Boltzmann,  desarrollo  su enfoque  microscópico de la materia, incluido el concepto de entropía  estadística.

Mediante  este enfoque, Boltzmann  logro dar  una interpretación clara físicamente, con un enfoque esencialmente  probabilístico, del  llamado  principio de degradación de la  energía, consecuencia  directa  del  llamado  II  Principio  de la  Termodinámica y,  sin dudas, de  un  alcance  universal  como  ningún otro principio de  la  Física.

 Boltzmann logro precisamente,  hacer  de este   principio  algo  verdaderamente  universal  por  la infinita  gama  de aplicaciones a  sistemas  y procesos,  muy  alejados del universo de  procesos energéticos  hoy  convencionales en los que  tuvo su  origen,  que  en lo adelante fueron posibles. Sin embargo, el mundo científico  no fue  generoso  con  Ludwig  Boltzmann, ni mucho menos  proclive  a  asimilar  sus  geniales  aportes.

En medio de un cruel  y  absurdo acoso  luchaba  contra  la incomprensión de la comunidad  científica encabezada por  dos  físicos que en su afán de combatir las  ideas  de  Boltzmann  llegaron al increíble  absurdo  de negar  la existencia misma de los  átomos. Aunque  hoy  día después  de la  aparición de evidencias  tan contundentes como  la  explosión de  una  bomba  atómica, está  claro lo  absurdo de esta  idea, lo cierto es  que entonces  no existía  evidencia alguna  de la  existencia del átomo. Carente de la evidencia  experimental  que sustentase su  teoría, el genial  físico, hombre  de  profundas  convicciones  éticas, cayó en un estado de profunda  depresión.

Boltzmann cometió un error, sobrestimo el tiempo necesario  para la  aparición  de la  evidencia experimental que confirmara  su  teoría. En realidad  solo transcurrieron dos  años entre  el suicidio de  Boltzmann  y la  realización del  experimento de  Perrit  sobre  la naturaleza del  movimiento  browniano que demostró  irrefutablemente la existencia  del átomo.

En lo adelante, la  física  atómica  se desarrollo  vertiginosamente. Pero  ya era  tarde  para  el hombre  que  dio la clave de  la comprensión de los colosales  procesos de degradación que  amenazan con extinguir  la vida en el planeta.

 Lo que  la  historia  de la física le deparo a los  dos principales promotores  del acoso  a  Boltzmann fue  en realidad  muy  cruel. En realidad  sus irreales visiones de la materia, defendida  autoritariamente, y producto evidentemente de una  burda   confusión de los  campos de acción de la  filosofía  y la  física, era  aun mas  contrastante con la  realidad que lo que la  propia  existencia  del átomo, sin profundizar  en su sorprendente  estructura, puso de manifiesto.

 En su  brillante  obra  de  divulgación científica Cosmos,  Kart  Sagan describió en una contundente frase la  peculiar  naturaleza del micromundo: “La materia es la nada escribió, refiriéndose  al  hecho  de  que, de  acuerdo con la información obtenida; siempre  por  métodos  indirectos y como resultado de brillantes  experimentos  que  abarcaron un periodo de casi cuarenta  años; el átomo está  constituido por una  nube  electrónica  de  densidad  casi nula y un núcleo extraordinariamente pequeño en el que  en realidad  se concentra  toda  la materia”. Dado que la evidencia experimental es  esta, la  frase   de K. Sagan, de   carácter  informal, resulta  totalmente  justificada.

 Boltzmann que  vivía en la bucólica  seguridad  de la   Viena de los últimos  años  del  poderoso  Imperio  Austrohúngaro, ajeno totalmente  a  los  problemas  existenciales  que  hoy  agobian  al mundo,   no  imagino la magnitud colosal de  los  problemas que sería posible  abordar  con su genial interpretación del concepto  de  irreversibilidad.

Como tantas  veces  ocurre, nadie  percibió entonces el alcance de  aquel  aporte. Fue  muy  intensa la luz que arrojo sobre  el terrible  problema  de la degradación del  hábitat  humano. Pero era  demasiado audaz  para  la pobre  mentalidad científica e inmóvil percepción del mundo de  la ciencia, básicamente clásica,  de principios del Siglo XX.

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